¿Vuelve lo analógico?
El gran espectáculo secreto
Se estrena una nueva versión de Kill Bill. Por si fuera poco, se estrena no solo en formato digital sino también en 35 y 70 mm. De hecho, salas como el cine Paz, de la calle Fuencarral de Madrid, se han equipado con proyector de 70 mm para asegurar un visionado espectacular, con una densidad del color impensable en el formato digital.
Entretanto surge una tienda de cintas de cassette, creo que en Malasaña. También se anuncia el estreno de la trilogía clásica de Star Wars con imagen y sonido restaurados pero eliminándose todos los añadidos de imagen generada por ordenador que se hicieron en los noventa. Acabo de consultar en Wallapop y encuentro a la venta películas de Lucio Fulci en VHS a cincuenta euros la unidad. Montones de coleccionistas y/o nostálgicos quieren recrear en sus habitaciones los llorados años ochenta. Una época que muchos de ellos no conocieron. Como dice un amigo: No reniegues de tu tiempo, has nacido para revolucionarlo.
Se trata de recuperar una época ya pasada pero se deriva en una moda o subcultura elitista. Películas que en su momento se veían en cines de barrio, a doscientas cincuenta pesetas en formato de programa doble, ahora se compran a precio de caviar. Al final lo que se impone es poseer la copia y lucirla en la estantería. Copia que casi nadie más tiene. La película como activo financiero, que en un futuro se podrá revender por el doble. Especulación friki.
Por todo esto me parece muy dudoso que vuelva lo analógico. Más bien se crearán "experiencias" más costosas, o se derivará en un coleccionismo planteado como especulación. Al común de los mortales se la traen al pairo las películas de Schwarzenegger o de David Cronenberg, de la misma forma que no diferencian entre stop motion o animación 3D. Seguramente los coleccionistas de Madrid caben en un taxi. No hay más cera que la que arde.
Para bien o para mal —y yo estoy convencido de que para mal—, el cine ha perdido su significado social y ha dejado de ser un referente. Creo que es eso, y no la tecnología, lo que verdaderamente echamos de menos, y que ya no podemos recuperar. Vivir a otro ritmo. Esperar durante meses y en ocasiones hasta años, para conseguir ver ciertas películas, alimentando ese deseo con lecturas en revistas especializadas, o notas en prensa. Y una vez que veíamos esas películas, alimentar conversaciones que nunca se acababan. Lo admito. Yo también soy un nostálgico.
Atentamente,
Cinéfilo In Black

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