Trump en Vallekas. Relato online
Como no tenía para un Burger, merendamos en el parque de Entrevías
Cualquier situación es susceptible de empeorar, por mala que sea. El aforismo de los militares vino a mi cabeza según despertaba. Qué mala onda... Panadero a tus panes, me dije a mí mismo, continuando con la sabiduría popular. Anda, levántate, que tienes más cuento que Calleja, que eres un sintareas. Y ni eres militar ni tampoco tienes edad de ir al frente.Mi cháchara mental continuaba mientras tomaba el primer café de la mañana. Sintonicé la Ser, a ver qué se contaban. Vale, quince días más de alto al fuego pero Netanyahu ya ha atacado el Líbano. Vaya tela. Cuando me quise dar cuenta, me había acabado la cafetera. Rascando en mis bolsillos encontré cuatro euros y me dije, esta es la mía. A falta de otra cosa que hacer, me doy un paseo por el barrio, escucho un podcast de Roberto Vaquero y hasta me puedo tomar dos cafés más en la Plaza Vieja.
Estaba sentado en esa estupenda terraza que suelo visitar al menos dos veces por semana, escuchando a Roberto Vaquero, su experiencia como trabajador nocturno, portero de discoteca. Experiencias que curten y enseñan tanto o más que la facultad. Pensaba en todo y en nada a la vez, abstraído y en mi mundo. Apenas seguía el hilo del podcast. De golpe cambió la luz. ¿Habrá pasado una nube oscureciendo la plaza? ¡No! Frente a mí había un tipo desaliñado, grande y gordo. Una camiseta con la bandera norteamericana, ropa vieja de homeless, una gorra con el emblema de Vallekas. ¿Será un pidepelas o por el contrario, un turista pasado de rosca que se ha enamorado de mi barrio?
Casi siempre hago caso omiso de los pesados o de la gente así. Pero este me estaba mirando muy atento, con gesto amable, sonriente, como de llevar unas cervezas de más. La verdad es que era tan peculiar que me quité los cascos y decidí escucharle...
—Disculpa, chavalote, ¿me puedo sentar a tomar una ronda contigo? —Su acento no dejaba lugar a dudas. Debía ser un norteamericano jubileta que estaba haciendo su agosto en Vallekas. Entre que me despertaba curiosidad y andaba sin nada que hacer, le invité a que se sentara. Ya seguiría otro día con el Vaquero.
—Tú eres cultureta, ¿verdad? Tienes pinta de ser un tío interesante —el guiri iba tanteando temas de conversación con preguntas abiertas como esa y, la verdad, no sabía muy bien qué responderle.
—Me da que eres buen chico. Te voy a ser sincero. Te he seguido durante años en la Web y me parece que eres un tío muy interesante, que vale la pena hablar contigo.
—¿Pero esto es una broma, o...? Sí, claro, tengo mis aficiones, y he escrito en blogs y cosas así. Lo cierto es que de eso hace años...
—Me voy a seguir sincerando: soy Donald Trump. ¿Te parece tan raro que quiera hacer amigos? Para un político es muy jodido, hay muchas envidias e intrigas extrañas a mi alrededor. Por eso he venido a pasar unos días en este barrio obrero, simplemente para desconectar. Si me quieres acompañar o incluso ser mi cicerone yo te estaré muy agradecido.
Atolondrado que es uno, con esa mezcla de curiosidad e incluso simpatía que me despertaba este tipo, acepté a ser su guía en un paseo, esa misma tarde, por el madrileño barrio de Vallekas. ¿Y si lo que me contaba era verdad, y estaba ante el mismísimo Donald Trump? Me parecía un disparate de cojones, una razón más para dar una vuelta con él por la tarde. ¿Y si no era Trump sino simplemente un chalado que se hacía pasar por él? From lost to the river.
Decidí, asumiendo mi papel de anfitrión, invitar yo. Pero claro, ya me había gastado los cuatro pavos en los cafés. Tampoco pasa nada, le puedo organizar una merienda cena en un parque. Bocadillos de mortadela con aceitunas y unas latas de Freeway. Conforme preparaba los bocatas pensé, si vamos al parque de las tetas, este tío da mucho cante con esa camiseta de Estados Unidos. Mejor lo llevo al parque forestal de Entrevías, que suele estar vacío.
—Esto de la mortadela con aceitunas es lo mejor que he probado después de la mantequilla de cacahuete. Te estoy muy agradecido, joven. ¿Cómo te podría compensar? ¿Te quieres venir conmigo unos días a Estados Unidos?
Esto estaba pasando de castaño oscuro. Vale que le invito a merendar por curiosidad, por hacer esta tarde algo diferente, pero, ¿y si realmente es quien es? Joder, que tampoco quiero ser su amigo. ¿Y si es una amistad interesada y cuando tenga problemas políticos y le reclamen los líderes de otros países, prentende esconderse en Vallekas, con mi complicidad? Joder, me estás dando muchos problemas...
Cualquier situación es susceptible de empeorar, por mala que sea. El aforismo de los militares vino a mi cabeza nada más despertar. Qué mala onda... ¿Otra vez los aforismos? ¿Y si lo he soñado todo? ¿Y si mi vida se va a convertir en un bucle, incluidas intrigas políticas? Ese guiri orondo con la bandera de Estados Unidos y la gorra de Vallekas estaría paseando por el bulevar, haciendo a saber qué. Fuera lo que fuese lo que ese tipo estaba haciendo, decidí que no tenía nada que ver conmigo. Mejor así. Me acababa de despertar angustiado, no tanto por lo que había vivido como por lo que estaba por venir. Ese encuentro tan peculiar de ayer actuaba en mí como una borrachera. La curiosidad y la gracia inicial habían dado paso a la resaca y una digestión pesada. Me encontraba indeciso sobre qué hacer. Un impulso me lanzó a la calle. Fui a una tienda de ropa latina de avenida de la Albufera y sin pensarlo dos veces, me compré una gorra yo también. Y lo que tenga que venir, que venga.
Atentamente,
Cinéfilo In Black

Comentarios
Publicar un comentario